La historia de Ides Kihlen es sorprendente, al amor temprano por la pintura y la música, su formación académica de la mano de grandes artistas como Vicente Puig, André Lhote o Batlle Planas, su curiosidad constante y la disciplina que implica pintar día tras día, año tras año, se une el haber formado una familia y haber mantenido su inmenso trabajo en secreto, escondido de los ojos del mercado del arte.

Una gran retrospectiva en el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires el pasado diciembre, coincidiendo con el centenario de la artista, reunió bajo el nombre “Todo el siglo es Carnaval”, una vida entera de dedicación a la plástica, aunque su obra pictórica no fuera descubierta hasta sus 83 años y de forma fortuita.

“Sin darme cuenta, inconscientemente, nunca quise mostrar ni lo necesite todo lo contrario lo ocultaba me gustaba hacerlo en secreto. Fue casual, vino a casa mi hija con un amigo galerista, para mostrarle un cuadro de un pintor uruguayo, cuando vieron mis pinturas le preguntaron de quien era, y ella les dijo que eran mías pero que yo no quería exponer , si querían hacer algo tenían que hablar conmigo porque a ella les decía que no. Así empece a exponer, por primera vez en arteBa”.

La pulsión del arte aparece en la niña Ides, nacida en la provincia argentina de Santa Fe, hija de padre sueco y madre suiza, y la lleva a formarse en la Escuela Nacional de Bellas Artes primero, y en los talleres de grandes artistas más tarde.

“Nunca dije que quería ser artista, me nació solo, lo llevaba dentro, era un sentimiento que fluía en mi interior. Hice dos carreras al mismo tiempo, la Escuela de Bellas Artes y el Conservatorio Nacional de música. Pero los recuerdo que mantengo son de uno de los momentos mas felices y sorpresivos de la vida, me nutria constantemente de cosas nuevas y aun hoy lo sigo haciendo”.

Para sus maestros conserva el mejor de los recuerdos: “Me enseñaron todo y han sido muy importantes para mi, pero yo tenia un pensamiento paralelo nacido de mi interior y lo escribía a un costado de las enseñanzas”.

A Ides le intereso durante mucho tiempo el proceso pictórico por encima del resultado de la propia obra. El acto de mirar y tocar la producción del día anterior, en un continuum creativo, y con la impronta del inconsciente provoca una suerte de desorden que tiene que ver mucho con los sueños. “Me nutro de una energía que brota de mi interior. No reflexiono, me sale solo. El desorden es un orden siempre”.

Ides no se aburre, no descansa a sus cien años, cumplidos en julio del pasado año, y afirma que afronta la edad “viviendo y muy feliz, y queriendo vivir muchos años mas, para seguir pintando, porque mi mejor cuadro pienso que todavía no lo hice. Y también seguir componiendo música clásica”.