Cuando Carmen escuchó a Manuela que llevaba dos meses tratándose con apiterapia para mejorar su espalda y bajar la inflamación, no se lo pensó dos veces y le respondió: “yo quiero probar”. Hoy, cuatro semanas después de llegar a la clínica con la rodilla hecha una bola, la inflamación le ha desaparecido y ha bajado considerablemente el dolor. La picadura de las abejas, aplicada por manos expertas, viene aliviando a veces y curando otras, muchas dolencias desde tiempo inmemorial.

Es cierto, Lucrecio y Aristóteles (350 a. de C) y otras referencias literarias la sitúan 3.000 años atrás. Cuentan que Iván el Terrible y el emperador Carlomagno se curaron con ella de gota crónica y que cuando Alejandro Magno murió lo trasladaron hasta Macedonia cubierto de miel, conservándose intacto a pesar del calor.

Los efectos de la apitoxina, el veneno que la abeja introduce en el organismo después de picar, contiene cantidad de aminoácidos, encimas, aminas y melitinas con efectos terapéuticos para una larga lista de trastornos físicos, entre los que resaltan los que llevan aparejados la inflamación.

Dos historias de dolor.

Manuela llevaba tiempo intentando librarse de una artritis reumatoide, aunque sin tratar con fármacos su dolor, y además estaba a punto de caer rendida en el quirófano para someterse a una rizolisis que eliminara los males de su espalda. En esas andaba cuando, no recuerda cómo, se tropieza en Youtube con testimonios directos de pacientes en proceso de curación.

Quince minutos más tarde estaba hablando con el terapeuta. La lectura de un montón de documentación científica sobre la apitoxina y una analítica de sangre para verificar que no era alérgica al veneno del insecto hicieron lo demás. Llegó a la clínica con la espalda notablemente inflamada, dolor lumbar, las típicas molestias en la rodilla al agacharse y dolor en los muslos al subir escaleras. Oh sorpresa cuando comprueba que desde la primera intervención, con solo dos picotazos en espalda y lumbar, la inflamación y el dolor empiezan a ceder.

A Carmen le ocurrió lo mismo. Esa misma semana dejó los antiinflamatorios matinales: “Tomaba una, y a veces dos pastillas diarias, porque tenía inflamación por artrosis en la rodilla y rotura del menisco externo; me había operado de prótesis de cadera y al andar cargaba demasiado en una pierna que acabó inflamándose. Llevo cinco sesiones, estoy muchísimo mejor y la inflamación de la rodilla ha desaparecido prácticamente, aunque yo sé que hay cosas que no tienen remedio, como mi cartílago, que ya no existe”.

Bio-vacuna natural

Y es que sintetizando un poco las razones que explican el poder de este ‘milagroso’ veneno, se sabe que parte de las 800 moléculas que lo componen refuerza el sistema inmunitario y actúa contra el dolor y la inflamación. De ahí que la lista de dolencias en las que un 80% de los pacientes que acude a tratamiento experimenta mejoría es amplia: hernia, ciática, artrosis, artritis, reuma, lumbalgia, depresiones, migrañas, contracturas, gota, varices, o todas las enfermedades autoinmunes como el lupus, el hipotiroidismo, la fibromialgia, la psoriasis o la esclerosis múltiple.

Sergio Guerrero, responsable de la red de apiterapeutas repartida por Andalucía, La Colmena Sanadora, y apicultor como todos los que se han formado en la Escuela internacional de Apiterapia Bee Natura, subraya la importancia de usar los ejemplares más viejos de la colmena: “elegimos los ejemplares más viejos, a los que les queda tres o cuatro días de vida y que son los que primero salen al sacudir la colmena. La concentración de veneno en ellos es la óptima para que todos los elementos que contiene actúen como bio-vacuna natural”.

Además, como apicultores que son, comprometidos con el medio ambiente, consiguen que aumenten los enjambres, pese a la merma por su uso para la curación, según explica Alvaro Manzano, terapeuta integrante de esta comunidad: “los apicultores cuidamos las abejas porque no las castramos ya que no le sacamos la miel, les ponemos comida con vitaminas y posibles ‘medicamentos’ que puedan necesitar, es decir, la colmena se hace más fuerte porque mueren menos y puede hacerse tan grande que puede dividirse en dos”.

El nuevo botox’

Pero retomemos la historia de Manuela y lo que la lanzó definitivamente a someterse al tratamiento: “yo llevaba 4 meses haciendo yoga y mis dolores de espalda habían aumentado. Había eliminado algunas contracturas con la osteópata, pero sin resultados entusiastas. Ella me recomendó cortar sus sesiones y las del yoga, a ver qué pasaba”. Llamé a mi profesor de yoga y cuando le dije que iba a probar con apiterapia me dijo que su padre era apicultor y que su madre fue atacada por al menos 50 abejas, estando al borde de la muerte, pero que se salvó de milagro y le desapareció la artritis”.

Manuela no solo había mejorado su artritis sino su hipotiroidismo. La siguiente analítica para el endocrino reveló, tras cuatro años de tratamiento, que los niveles de hormonas tiroideas habían aumentado para sorpresa del médico. La responsable había sido la apitoxina, que estimula el sistema inmunitario y empuja al organismo a generar endorfinas con una sensación de bienestar que convierte al veneno en una bendición inesperada.

Aunque los beneficios no llegan solo hasta ahí, también la llaman ‘el nuevo botox’ y de hecho, Gwyneth Paltrow y Kate Middleton la utilizan como tratamiento alternativo de belleza. Cuentan que la duquesa de Cambridge se sometió a la dulce influencia de la apiterapia para lucir radiante el día de su boda con el príncipe Guillermo de Inglaterra. ¿Se puede pedir más?