Feliciana ronda los 80 años, y es una de las protagonistas más activas de Aula Verde. Por edad y vinculación al medio rural practicaba sin saberlo lo que hoy se conoce como permacultura, un sistema que apuesta por un modo de vida sostenible, inspirado en la agricultura natural divulgada por Masanobu Fukuoka. En sus talleres Feliciana recupera saberes tradicionales y los pone al servicio de la comunidad mostrando otra forma de vida a quienes podrían ser sus nietos.

Pero el caso de Feliciana es solo un ejemplo cogido al vuelo de entre todas las actividades que desarrolla este ecocentro Aula Verde con sede en Torremolinos, bajo la fórmula ‘tienda +actividades’ y la filosofía ‘un mundo más sostenible es posible aplicado a un entorno urbano’.

De hecho, desde que se creó, hace cerca ya de tres años, Mario Hermoso, su alma mater, asegura no haber pisado un centro comercial para alimentarse. Todos los productos los consume directamente del grupo de productores de agricultura ecológica que se embarcaron en esta aventura por una vida más saludable, vinculados a una red de empresas dispersas por la provincia de Málaga.

Huír del usar y tirar

En los más de 200 talleres desarrollados desde entonces, en los que el 70 u 80 por ciento son protagonistas las mujeres de entre 35 a 55 años, con excepciones como la de Feliciana, se aprende alimentación vegana, elaboración de cosmética natural, formas tradicionales de conservación de alimentos, cómo vivir sin sufrir, fitness, yoga…y, en general, todo lo que quepa bajo el paraguas de la biosostenibilidad o la permacultura.

Y así, como una lluvia fina que va calando sin prisa pero sin pausa, las actividades de este emprendedor, que desconoce el significado de rendirse, van creciendo poco a poco para atraer incluso de fuera de la provincia interesados en desarrollarse “con y no en contra de la naturaleza”, en todos los ámbitos de la vida.

En coherencia con este principio vital, el penúltimo proyecto de Aula Verde entronca con los huertos urbanos, esos a los que los mayores de la familia han empezado a interesar en cada vez más ciudades de nuestro entorno, conscientes de que hay otras formas de vivir huyendo del ‘usar y tirar’, y con otra medida del tiempo más acorde con nuestro reloj biológico interior.

Permacultura, un concepto solidario

Pero si hubiera que apostar por un concepto, denominador común de la percha en que se cuelga Aula Verde, ese sería el de solidaridad. En el grupo de consumo de frutas y verduras o aceites ecológicos, llegado el caso se podría llegar a pagar un 20 por ciento del valor de los productos en comunes, una moneda de trueque pensada para que la falta de dinero no sea barrera para nadie.

En cualquier caso la intención de Aula Verde es su sostenibilidad, en ese intercambio generacional de participantes en donde se funden saberes tradicionales que fueron cayendo en desuso con la nueva savia de formadores que creen posible un mundo mejor.

A fin de cuentas la permacultura, como cualquier ecosistema, dicho de forma sencilla no pretende más que la armonía de quienes conforman un mismo hábitat –un centro de consumidores ecológicos en este caso- procurando los flujos de energías y materiales necesarios para su supervivencia.