UNA TERAPIA CURATIVA SIN COMPETENCIA

Quien lo probó lo sabe, el ayuno trae innumerables beneficios para la salud, tanto para personas sanas como enfermas, aunque publicitarlo sería ir en contra de los intereses del negocio farmacéutico, sin hablar ya del miedo que produce enfrentarse a uno o varios días sin comer. Esta práctica para depurar el organismo de toxinas, investigada por la ciencia desde hace solo cincuenta años atrás, revela la formidable capacidad del organismo para sanarse sin necesidad de fármacos, por su efecto rejuvenecedor.

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Y aunque en España las últimas noticias sobre el interés de investigadores en envejecimiento y oncología datan de hace poco más de un año, cuando 20 jóvenes sanos (científicos incluidos) se internaron para pasar solo día y medio sin comer, en países como Rusia o Alemania no sólo hay hospitales para tratar enfermos -con ayunos a base solo de agua y más agua- sino que los estudios clínicos dejarían atónitos por sus resultados a los descreídos médicos de la medicina convencional.

La experiencia rusa

Lola Rosas, una guía de ayunos formada en Alemania, (país con un 20 por ciento de la población que incorpora esta práctica a sus hábitos de salud), decidió profesionalizarse en este terreno tras su experiencia en la Clínica Buchinger de Marbella, asociada popularmente a sus altos precios y a la pérdida de peso de personajes famosos, aunque sus terapias de ayuno van mucho más allá.

Desde hace cuatro años Lola organiza ayunos para grupos reducidos de personas sanas en entornos rurales, en cualquier lugar de España. Su formación en los aspectos fisiológicos, nutricionales y de ejercicio físico, unida a su aprendizaje de 7 años con la doctora Francoise Wilhelmi de Toledo (directora científica de las Buchinger de Alemania y Marbella), dio como resultado una abanderada del ayuno que habla con pasión de los beneficios de esta terapia.

Y no es de extrañar si observamos la larga lista de enfermedades capaz de curar en unos casos y de mejorar considerablemente en otros, como evidenció el vasto programa de investigación del doctor ruso Nikolayev con 8000 pacientes con todo tipo de dolencias, con ayunos de entre 25 y 30 días. De estos, el 60 por ciento obtuvo una clara mejoría, que se mantenía seis años mas tarde en el 47 por ciento de los casos.

La crisis de la acidosis

Con toda esta información en su haber, nuestra guía de ayunos explica que el secreto de la curación está en “el estado de estrés que se produce en el organismo, que genera un mecanismo de autorregulación, normalmente pasivo por nuestro estilo de vida. Dicho de otra forma, el estrés es una respuesta adaptativa a cambios del entorno, es decir, la falta de alimentos, que desencadena una alteración hormonal y neuroendocrina, haciendo que las hormonas movilicen las reservas del cuerpo”.

Por eso -dice Lola Rosas- los efectos de la semana de ayuno se aprecian a partir del tercer día, tras la crisis de la acidosis (un exceso de ácidos en los tejidos y la sangre), cuando los ayunantes empiezan a notar cierta euforia. Es aproximadamente en el cuarto día cuando se gana en fuerza y energía porque se regula la tensión, el colesterol, los niveles hormonales y de azúcar, además de perder peso, ganar calma y percibir un despertar de la conciencia.

Su experiencia le dice, tras estos cuatro años organizando ayunos de siete días, que los motivos para enrolarse en esta aventura, a quien quiera adentrarse en el universo del ayuno, pueden ser diversos. Desde abandonar vicios como dejar de fumar, hasta superar problemas psíquicos, aprender a comer de forma sana, prevenir enfermedades, vivir la independencia de la comida, desarrollar la espiritualidad o conseguir el equilibrio e incluso abandonar poco a poco la ingesta de medicamentos porque el cuerpo deja de necesitarlos.

Envejecimiento y restricción calórica

Pero atención, no se trata de estar siete días a base solo de agua, como es el caso del ayuno hídrico. En estas jornadas rodeados de naturaleza, para las que habrá que preparar al organismo una semana antes eliminando de la dieta alcohol, azúcar, carnes y pescados, habrá zumos, infusiones y caldo de verduras en dosis de 250 mililitros.

Además de los paseos por el campo, los estiramientos, el yoga, las charlas sobre la salud, el taller de cocina y de cosmética natural o la introducción a la meditación, también habrá lo que se denomina envoltura hepática -con un paño húmedo y una toalla caliente- para ayudar al hígado en su tarea de eliminación de toxinas.

Valter Longo, el investigador genético de renombre internacional, biólogo, gerontólogo y estudioso de los beneficios del ayuno para los enfermos de cáncer en la Universidad de California, (Los Ángeles), dice que “es difícil pensar, sobre todo para los médicos, que sin comer el cuerpo se va a volver más fuerte”, como demostraron sus experimentos con ratones a los que sometieron a quimioterapia, el veneno más feroz. Él sigue defendiendo a toda costa que para retrasar los efectos del envejecimiento, la restricción calórica es la clave.

¿Por qué no darse entonces un baño de ayuno terapéutico y proteger al organismo de toda suerte de tóxicos?

Elena Vergara