Shane Watson, columnista del británico The Telegraph acuño el término “midorexia” para referirse al síndrome del eterno joven, o madur@ que se empeña en hacerle un corte de mangas a su edad biológica y perseverar en la creencia de que se puede ser atractivo para siempre, y los años no son sino un factor extra de seducción. El midoréxico, en ese intento obsesivo por no verse mayor se empeña en combinar prendas y colores como nunca se habría atrevido en la adolescencia, mueve sus caderas a un ritmo salvaje delante de los amigos de sus hijos y nietos, y no ceja en lanzar miradas de adoración a todas aquellas partes de su cuerpo que cree los hace más que deseable.

Miami Film Festival – Iris Apfel at O Cinema Miami Beach to present IRIS, by Albert Maysles

Podemos pensar en la midorexia como una nueva forma de presión cultural o como la exaltación de la libertad individual, pero lo cierto es que el tiempo pasa factura, sabemos que es una bestia imparable que termina por pillarnos pese a lo rápido que huyamos; aunque también es cierto que si nos preparamos para afrontarla, para pelear con ella, la bestia tendrá que sudar la gota gorda para amedrentarnos.

Luchar contra la edad es imposible, pero sí podemos negarnos a sucumbir en el anonimato de la vejez, en la desidia hacia nuestro propio cuerpo, en la oscuridad intelectual, en la falta de expectativas. Dice Pablo Milanés en esa preciosa canción de amor “El tiempo pasa” que …en cada conversación, cada beso, cada abrazo se impone siempre un pedazo de razón… para construir la terrible armonía que pone viejo los corazones. La tristeza siempre asociada a la edad adulta.

Nuestros objetivos personales, pasados los cincuenta, son igualmente legítimos que aquellos que tuvimos con veinte, sólo que ahora, con mayor madurez emocional sabemos hacia dónde apuntar, cómo, con quién y de qué manera. Asumimos los errores y nos perdonamos las meteduras de pata; nos sentimos más capacitados porque somos capaces de flexibilizar el pensamiento, y vivimos el presente a pleno pulmón, como Iris Apfel o Madonna.

De ahí que cada cuál viva su etapa madura como mejor le venga en gana, si midoréxico o no (quienes, por cierto, nos encantan), pero con energía y sin descuidarse en sus áreas física, social, psicoemocional, cognitiva y nutricional, porque el miedo al envejecimiento es cultural, inducido; la vejez es consustancial a la condición humana y una percepción negativa o peyorativa es tratarla como una enfermedad.