El pensamiento creativo deviene del desarrollo de nuevas ideas y conceptos; es la habilidad de formar nuevas combinaciones de ideas para llegar a un fin original. El pensamiento creativo se desarrolla en torno a la idea de pensar fuera de lo convencional, y para ello es necesaria la colaboración de tres áreas cerebrales: aquella que corresponde al pensamiento espontáneo, el control cognitivo o y la memoria semántica, que vendría a ser la parte de la memoria que se ocupa de los conocimientos conceptuales.

Con esta maquinaria en marcha y despojados de la conformidad, lo predecible o lógico dictado por las normas sociales aprendidas, podemos crear un entorno estimulante para entrenar el pensamiento creativo.

El proceso del pensamiento creativo se articula en torno a la creación de una solución para un problema. Por lo general, cuando pensamos en soluciones, nos encontramos con todos aquellos recursos aprendidos, y pasamos de una opción a otra, determinando cuál sería la mejor de las conocidas. Hay que precisar que nuestra mente está condicionada por normas de todo tipo. Desde la escuela se impone una conformidad con lo establecido; no se permite cuestionar la “verdad”; y a medida que avanzamos en nuestra formación estas verdades se hacen más incuestionables, cerrando la oportunidad a nuevos pensamientos, nuevas ideas, nuevas soluciones. La solución al problema en un acto de pensamiento creativo se produce cuando se es capaz de abstraerse a la convención.

Mark Beeman, director del Creative Brain Lab, el laboratorio de neurociencia cognitiva en la Universidad de Northwestern, Illinois, estudia la información porque es un componente clave en cómo funciona la creatividad, pues esta prospera cuando la visión (la idea repentina, el eureka!) se combina con el arduo trabajo del procesamiento analítico. Para Beeman, la creatividad es el proceso de pensamiento, no el producto. Por esta razón, no considera que todos los artistas sean creativos por naturaleza.

Tienes que aprender no solo a mirar fijamente sino a mirar más allá de tu enfoque”, dice Beeman. La actividad creativa está relacionada con la experiencia del individuo. La idea de que la creatividad se halla en la infancia en mayor medida se debe al hecho de que los niños no tienen prejuicios para inventar.

Entrenar el pensamiento creativo es importante en la edad adulta porque refuerza las habilidades y fomentan un sentido de competencia, propósito y crecimiento personal. Investigadores de la Universidad de Toronto y Harvard, en Canadá y EEUU respectivamente, creen que la reducción de la concentración en personas mayores de 50 años es un campo de amapolas para el desarrollo de la creatividad.

En un artículo publicado en Trends in Cognitive Sciences, Lynn Hasher, profesora de psicología de la Universidad de Toronto y el Rotman Research Institute, y coautora del estudio con su colega Tarek Amer, dice que “muchas de las tareas que estudiamos en la psicología cognitiva clásica son tareas que requieren alto control cognitivo, pero estas tareas asignadas pueden no reflejar exactamente lo que la gente hace en el mundo real porque limitan las distracciones. Pero una distracción en un entorno puede ser realmente información útil en otro entorno, y cuanta más información se tenga, mejor se podrá resolver un problema”.

En su estudio, la profesora Hasher constató que los participantes mayores eran más distraídos, tenían menor control cognitivo, que sus contrapartes jóvenes. Sin embargo, los miembros del grupo mayor utilizaban la información obtenida de esa distracción para resolver los problemas.

Parece que el cerebro de las personas mayores se caracteriza por tener un amplio foco de atención, lo que permite la introducción de flashes dispares de pensamiento que, combinados entre sí, conducen a soluciones más creativas.