Somos un grupo de amigos de la infancia que nos hemos vuelto a reencontrar por el Facebook. Los “chicos” se ven con cierta regularidad, y sólo ocasionalmente invitan a alguna de las “chicas” que formábamos ese grupo cuando éramos pequeños. Charlábamos de lo divino y de lo humano hasta que llegamos al tema de nuestros estados afectivos. Le preguntaron a Ella -vamos a llamarla así- por su situación amorosa, y ella , con candidez, soltó alegremente que no conseguía formar pareja porque ” soy demisexual”.

Obviamente la primera reacción fueron las risas . Ninguno de los que estábamos allí sabíamos qué orientación sexual era esa, y se sucedieron las bromas de todo tipo. Finalmente la afectada logró explicar que a esta altura de la vida ella sólo se sentía atraída por gente con la que tenía una conexión afectiva, un gusto personal más allá de lo físico.

En efecto la demisexualidad es una orientación sexual poco conocida, y acaso pareciera una pretensión antigua. Aunque su término confunde con Bisexualidad, en realidad alude a una profundidad que casi no se practica cuando somos jóvenes. La demisexualidad aparece en muchos casos como una postura y una actitud para cuando uno ya está de vuelta del bien y del mal.

Un demisexual es una persona que experimenta atracción sexual una vez que se haya formado un vínculo emocional. Es una identidad que se encuentra a mitad de camino entro lo asexual y lo alosexual. Esto no quiere decir que tengan una sexualidad incompleta, simplemente que tienen cercenado el vínculo primario, y sí muy desarrollado el secundario.

De este modo, el demisexual no experimenta improntas sexuales a primera vista, ni en situaciones inquietantes, ni por el  gusto por lo puramente estético o físico. Es más bien de experiencias secundarias: lo sexual se desata una vez que haya una conexión emocional.

Así es que los demisexuales pueden ser hetero, bi, o homosexuales, el sexo de los implicados no cuenta tanto, sólo cuentan la empatia y los afectos. En realidad, parece una opción muy madura, a la que difícilmente se pueda llegar en nuestras primeras etapas de “trote” por la vida.

Cuando la demisexualidad es impuesta como condición, o es explicada como fue el caso de nuestra amiga Ella, genera un poco de perplejidad, pero parece que no es una opción elegida ni ética, es más bien una condición innata, que mucho nos costó discernir con tantos mandatos morales y de comportamiento, sobre todo a las mujeres.

Mientras nos informamos de esta desconocida opción sexual, conocemos que a veces se confunde con la “gris asexualidad” , una categoría  que sirve para catalogar lo que no cabe en ninguna definición y que acaso nos empieza a servir para los comportamientos  asexuales de muchos Viejenials y que no nos atrevemos a confesar.