Relacionada con la afectividad, la ternura, la confianza, el contacto entre las personas y el orgasmo en ambos sexos, esta hormona llamada oxitocina ha sido bautizada como ‘hormona del amor’ y ‘molécula de la confianza’ por estar involucrada en la formación de las relaciones sociales entre los humanos, especialmente a la hora de desarrollar lazos de confianza y generosidad.
Entre sus funciones está contraer el útero tras la gestación, ayudando a expulsar el feto, y producir la secreción de leche para que el bebé pueda mamar.
Aunque la relación entre oxitocina y respuesta sexual se dice que es incierta, se ha comprobado que su concentración en personas que dicen estar enamorándose es mayor que en el resto (el organismo la segrega también tras el orgasmo), teniendo además un papel fundamental en asuntos relacionados con el comportamiento de numerosas especies, de lo que se infiere que en los humanos desarrolle papeles similares.

 

Confianza líquida

’Partiendo de este descubrimiento una empresa americana ha presentado un spray con oxitocina, bautizado como ‘Liquid Trust (confianza líquida), que promete con su uso poder ganarse la confianza de los otros, así como hacerle a quien lo usa parecer más atractivo. De alguna forma imitando a Grenuille, el protagonista del famoso Best Seller de Patrick Suskind, ‘El perfume’, que acabó siendo víctima de su enfermizo deseo de ser amado y gustar.
Sin llegar a su extremo, como no solo es lícito sino necesario sentirse querido por los otros, ya que la oxitocina no puede ingerirse a través de los alimentos el organismo posibilita aumentar su ‘dosis’ en el intercambio afectivo con los demás a través de: manifestaciones de cariño, masajes, encuentros con amigos, liberación del estrés practicando por ejemplo meditación, recibiendo y dando abrazos…

Abrazos Gratis
No es casual que el movimiento internacional ‘Free Hugs’ (Abrazos Gratis), que nace en Australia en 2004, se expandiera como la pólvora alrededor del mundo. Y es que un abrazo, gracias a la acción de la oxitocina, al liberar el estrés reduce la presión arterial, el enojo y la apatía, relaja los músculos, mejora el estado de ánimo y la confianza en uno mismo, más allá del bienestar momentáneo.
A fin de cuentas, no deja de ser esperanzador y hacer que uno se reconcilie con el mundo tropezarse en plena calle con desconocidos/@ bienintencionados que con la sonrisa de oreja a oreja te ofrecen mediante un cartel “Abrazos Gratis” a cambio de nada o, en última instancia, una ayuda simbólica si lo consideras oportuno.
Una experiencia que quien suscribe recomienda, como motor interno para activar mecanismos latentes en todos nosotros y pendientes solo de un clic que logra a veces revolucionar el propio orden establecido.


Y no es exageración. Eso fue lo que le ocurrió precisamente al fundador del movimiento ‘Free Hugs’, un australiano hundido por los golpes de la vida a quien una desconocida abrazó en una fiesta y le hizo sentirse “como un rey” –según sus propias palabras- describiéndolo como lo mejor que le había pasado nunca.

Elena Vergara