La carpa Koi es uno de los animales más longevos del planeta

Un detalle protocolario de la Reina de Inglaterra se hace especialmente revelador del aumento de la longevidad. En tan sólo 33 años la monarca aumentó su gastó en sellos un 483% . De las 3000 tarjetas de felicitación que envió en 1983 a súbditos británicos centenarios, pasó en 2016 a 14,500 franqueos.

El profesor Jim Vaupel, especialista en envejecimiento en el Instituto Max Planck de Investigación Demográfica en Alemania es uno de los autores de un estudio que pone en evidencia que las tasas de mortalidad, que aumentan exponencialmente en la edad adulta, desaceleran a partir de los 80 años y se estancan, e incluso disminuyen, a partir de los 105 años.

Parece que si se sobrevive en la barrera de edad en la que las posibilidades de mortalidad son mayores, te haces más fuerte, y puedes apostar por ir sumando años que progresivamente aumentan tu resistencia a la muerte.

Ya Benjamín Gompertz y su ley homónima estableció un modelo en 1985 a las luces de una serie de tablas de mortalidad que realizó para la Royal Society y que, en líneas generales viene a decir que tus probabilidades de morir se duplican cada ocho años, aún cuando hay un techo que parece plantarle cara al inevitable desenlace.

Y a esta realidad hay que sumar el intento de hacernos inmortales del biogerontólogo Aubrey de Grey, y las teorías de esa corriente tecno-científica llamada transhumanismo que persigue una especie nueva, el post-humano.

España es el segundo país más longevo después de Japón

Está muy bien vivir más y en mejores condiciones de salud física y mental, a ningún humano le amarga ese dulce; pero la idea de eternidad se me antoja disparatada. Me pregunto si los desarrollos científicos y tecnológicos tendrán en cuenta en qué momento de nuestra vida se producirá el milagro: ¿a los veinte, cincuenta, noventa años?. Y cómo será la cosa: ¿nos quedamos momificados pero dichosos, o evolucionamos física y biológicamente en otra dirección desconocida hasta la fecha?.

La idea, a priori tan atractiva no deja de ser terrorífica si pensamos que todos los seres humanos tenemos un propósito en nuestras vidas precisamente por la certeza que tenemos de que es finita. Carecer de ese sentido de la existencia inmersos en una vida infinita sería la muerte misma, el tedio, la condena a una existencia sin sentido ni gloria, sin recuerdos, sin esperanza, sin emociones como relata Borges en “El Inmortal”.

No obstante a estas elucubraciones mentales, tener más años a tu disposición es un regalo que no debe desdeñarse y que debe afrontarse con sabiduría.