Hay un punto en tu trayectoria en donde tu atractivo como mujer se detiene. Y es un tiempo flexible, no es de un día para el otro, pero existe un momento  en que interiorizas que eres invisible, que ya no eres atractiva, que cuando caminas por la calle nadie te mira. Incluso cuando miras a un hombre te quita la mirada.

Y ese día te das cuenta que “de aquella manera” no existes más. Incluso no interesas ni a tus propios congéneres. Porque a la mayoría de hombres de 55/60 años las mujeres de su edad les parecen “viejas”, y si buscan pareja -generalmente- buscarán mujeres de alrededor de 40 años . Y ésta es una realidad muy dura de asumir, ya que además de cultural esta opción tiene un punto biológico, y sólo podremos afrontarlo cuando podamos hablar a calzón quitado sobre qué les pasa sexualmente a las mujeres luego de la menopausia.

Todos estos cambios en la vida de una mujer madura deben ser enfocados con sabiduría y desde luego es el momento de buscar sustitutivos y  otros alicientes para reconvertirte en otro ser. Hay mujeres que pasan a ser una “crazy old lady” y esto tiene un punto divertido: aquellas mujeres que han sido protagonistas por su belleza, cuando son mayores pasan normalmente a ser extravagantes. Ya lo tratábamos nosotros  cuando hablábamos de Midorexia , es decir, el afán por ser siempre joven.

Cuando eres joven -y atractiva- , todo es fácil: las puertas se te abren, te suelen atender bien, te ayudan con una maleta que pesa, si se te pincha una rueda del coche o de la bici algún hombre te socorre y te la arregla, un camarero simpático no te cobra el vino que te ha puesto, y sobre todo se te abren las puertas a circuitos de influencia. Sin mucho mediar. Sólo por existir, por ser mujer, joven y bella. Ésto, que parece una visión y un comportamiento machista, es algo de lo que las mujeres de nuestra generación nos hemos beneficiado, sin ser conscientes de ello, pero es una realidad que ya no existe, no por el cambio costumbrista, sino por que has perdido juventud.

 

Por no hablar de lo que te sucede en el día a día sexual, es decir , a esos efluvios hormonales jóvenes que dejas a tu paso y que los hombres registran y por ende reaccionan. Y hablo siempre de situaciones normales y cotidianas, es decir, un “hola que tal cómo te llamas” , un “estudias o trabajas” o una simple invitación a un café o a quedarse con tu teléfono. Hablamos de ese alboroto primaveral que nos ha sucedido a las mujeres cuando eramos jóvenes que vivíamos una vida que no valorábamos ni nos dábamos cuenta hasta que lo perdemos.

La primera entrevistada por Lori Petchers en su documental Midlife project dice: ” Una de las cosas que pasan apenas dejas de ser fértil  es que el modo en que te miran comienza a ser diferente, comienzas a ser invisible, creo que es algo que va asociado a los humanos, cuando no eres fertil no existes”.

Lori Petchers es una documentalista norteamericana que recorrió su país entrevistando a 60 mujeres en la “midleage” para saber cómo se sentían con los cambios que estaban experimentando en su cuerpo con el paso del tiempo.

“Hay un tiempo en que puedes hacer girar las cabezas – dice otra de las entrevistadas-  te das cuenta que te miran hasta las mujeres; y de golpe eso comienza a ser distinto, hay otras mujeres más jovenes que cogen tu puesto y empiezas a tener “menos presencia”, te sientes reemplazada por las más jóvenes.”

Hay quien apunta a que esto le pasa a quienes hacen de su presencia física su identidad, a quienes necesitan el efecto inmediato ante su presencia. Este tipo de mujeres en efecto son las que más sufren los signos de la edad en el propio cuerpo y en la cara, y son las primeras que se tiran de cabeza a la medicina estética, y a todo tipo de tratamientos para esconder o aliviar los signos de la edad.

El problema es que las mujeres sufrimos una presión muy brutal en la manera que se evalúa nuestra belleza. Ser mayor no es cool. Ni sexy. Y sólo pueden serlo aquellas que a base de luchar contra la naturaleza se levantan los pechos con silicona , se hinchan los labios, y se rellenan las arrugas. La fatiga que tenemos las mujeres frente al espejo cuando percibimos las primeras señales del paso del tiempo es una batalla sorda que libramos día a día con nosotras, y sobre la que hasta ahora no hemos reflexionado, ni hemos encontrado canales para apoyarnos a nosotras mismas.

La presión del capitalismo y del consumo hacia un tipo de mujer evidentemente se desbarataría si las mujeres aceptáramos ser quien somos. No gastaríamos en cosméticos caros, ni en shampoos con keratina y productos varios, ni en colágenos y ni en los cientos de complementos “antiedad ” que nos quieren vender. Cuando llegamos a los 50 años la batalla contra la biología comienza a ser demoledora, no te dan las manos para sostener “las estanterías” que se caen, mientras sostienes una se te cae otra: que el entrecejo, que los códigos de barras, que los brazos , que las piernas, que el pecho, que te crece la barriga menopaúsica, y así, comienza la carrera loca para que no se note que hemos envejecido, o cogido años, como querrámos llamarlo.

Sigo escuchando mujeres que se jactan de decir “no parezco la edad que tengo”, todas nos orgullecemos por parecer más jóvenes, y es algo que debiera ser al contrario, debiéramos jactarnos de la edad que tenemos, debiéramos presumir de haber vivido, de lo que sabemos, de los caminos que hemos transitado.

Si observas en las conversaciones , a partir de los 40 y tantos, hablar de edad comienza a ser un tabú, sobre todo en las mujeres. Decir la edad comienza a ser tan indiscreto como decir cuánto pesamos, y no somos capaces de incorporar la edad que tenemos a nuestras señas de identidad.

Creemos que todas las corrientes de “envejecimiento alternativo” pondrán un foco de luz a este abordaje patético al que nos vemos sometidas las mujeres con respecto a la edad que tenemos. Debemos programar nuestra vida con un criterio más abierto y más sabio con respecto a nuestra imagen y a nuestro contenido. Hemos regalado demasiado territorio a la “belleza joven” y nos subyugamos frente a ella. En Viejenials planteamos que debemos mirar la edad (la de otros y la nuestra) con ojos más amables y encontrar belleza en la arruga, en las canas, en la flaccidez.

Por suerte, vislumbramos nuevas corrientes en este sentido. La generación “boomer” está alumbrando un nuevo modo de enfocar y reivindicar la edad, mostrando que las mujeres maduras merecemos un protagonismo y lo estamos logrando.

Para esto es necesario una participación activa en redes sociales y en los medios de comunicación. Es necesario que nos hagamos visibles y mostremos todo lo que somos, inclusive las arrugas, no nos debemos avergonzar. Es necesario crear foros de reflexión y talleres para ayudar a las mujeres a transitar esta nueva vida que tenemos por delante, y que puede ser tan fantástica  y tan rica como la que hemos pasado en nuestra juventud.

Las Baby Boomers americanas están cogiendo la vanguardia al respecto , y hay verdaderas expertas en “midlife” “middlescensce”, están creando “doctrina” y militancia en los factores de “edad” , y de este modo se está creando escuela de un nuevo modo de afrontar y encarar el paso del tiempo.

Hay mujeres que se han convertido en Coaches de la Segunda Etapa de tu Vida: Benita Adams habla del “Second Act”,  Marian Williamson creó un curso on line llamado “Aging miracolously” con interesantísimas reflexiones, o Angie con su participación activa en Instagram con su “agelessRebelion”.

Haremos proximamente un Taller reflexión para acercarnos a este modo de mirar la edad, y para afrontar los cambios vitales de una época que también puede ser maravillosa.