Hay un antes y un después en tu vida de mujer  adulta: la primera vez que te dicen “Señora”. En ese momento adquieres la primera noción de que la juventud no es eterna, de que eso que creías ser ya no lo eres, y que en definitiva, el camino del deterioro es inexorable.

Esto sucede más o menos cuando transitas la década de los 40 y tantos ,y es como un asalto a mano armada en plena calle, es un cachetazo existencial que ataca en lo más hondo de la autoestima de cualquier mujer coqueta, que seguramente habrá entrado  en guerra con los primeros síntomas de envejecimiento siendo una cuarentañera . Estas tomas de conciencia te vienen en privado, son tus momentos frente al espejo analizando gestos y muecas, o por el exacerbado afán auto-fotografiador que tenemos con las redes sociales, y que nos hacen observar nuestra evolución al milímetro.

Pero la dureza del primer “Señora” es que es un ataque público, es un “otro” que te espeta en la cara esa palabra que sólo te dicen cuando te ven madura o “grande” como se dice en Lationamérica. Porque a una mujer joven no le dicen “señorita” detrás de cualquier frase o pregunta, simplemente no le dicen nada, y encima la tutean!!!

Porque, vamos a ver, el “señora” te lo dicen en situaciones que no vienen a cuento, o en frases en que el “señora” es totalmente prescindible, viene siempre después de una coma, por ejemplo: “Aquí tiene su café, señora”, o “¿sabe ya que va a tomar, señora?” o “¿la puedo atender, señora?”. Y así sucede, un día cualquiera saliste a la calle a comprar o a tomar algo, y te cachetean con el primer “Señora” de tu vida.

Entonces, malherida y , con la sensación de que te han descubierto en eso que quieres ocultar, le dices a la persona de turno: “No me digas “señora””, y te contestan “es por respeto”. Y entonces la han empeorado, ya que por un lado no demandas ese supuesto respeto, y también infieres que los jóvenes no merecen esa importancia. En España es muy usual esa respuesta,  se supone que si tuteas a alguien que no conoces le estás faltando cortesía  o le estás degradando en el trato.

Las mujeres Viejenials consideramos que cuando empiezan a llamarte “señora” te están etiquetando, te están cambiando de categoría, te están pasando al gremio de los mayores, porque no nos olvidemos que estamos hablando de una sociedad donde la juventud está hiper valorada, y donde la edad comienza a ser un factor peyorativo y de apartamiento. Sino echemos un ojo a cómo está el desempleo en edades avanzadas.

El término además viene castigando desde hace tiempo de un modo sistemático. Hasta hace muy poco en lengua castellana se utilizaba para distinguir a las casadas de las solteras, a las que se llamaba “señoritas” . Hablamos de épocas en que ser señorita era sinónimo de muy joven , o de haberse quedado “para vestir santos”. Es decir , hablamos de épocas en que todas las mujeres querían casarse para ser “señoras” y encima “señoras de….”. O sea, era una categoría que uno adquiría a través de un hombre. En Latinoamérica todavía hay muchos hombres que se refieren a su esposa como “mi señora”. Por el contrario, en los hombres nunca se hace la disquisición de  señor o señorito, en función de su estado civil.

Por otro lado ahora se debate, e incluso se ha eliminado el término Señorita, Madmoiselle, Miss o Freulin, para distinguirlo de la mujer casada, no sólo es discriminador, sino inquisidor: “Recordaís cuando conocías a alguien y te preguntaban “¿señora o señorita?” . Una vez que somos todas señoras el término no se ha de  asociar a la edad, como rezan todos los diccionarios .

Lo cierto es que el término siempre ha tenido un tufillo sectario , discriminatorio, y clasista. Veamos algunas acepciones de varios diccionarios:

  • Persona a la que sirve un criado
  • Persona respetable y de cierta categoría social
  • Persona que muestra dignidad en su comportamiento o aspecto
  • Persona de cierta edad.

Y en el caso de esta última acepción  ¿cuál es el límite de esa “cierta” edad? ¿Quién lo determina?

Y es ahí donde vienen los palos en esta sociedad cambiante en la que las #Viejenials nos sentimos jóvenes porque no nos retiramos de ningún ámbito actual, porque compartimos con el resto de generaciones actitudes, tendencias, gustos, y frecuentamos los mismos sitios.

Porque nada más duro como ir a un bar “cool” en el que te sientes un par de todo el personal que allí consume y que el camarero venga y te diga ” ¿Qué le pongo, señora?

O que en ámbitos deportivos te pase ésto:

Porque no nos olvidemos que vivimos en una sociedad donde la mayoría no quiere ser Viejo, Grande, o Senior, sobre todo porque son categorías desvaloriazadas que van asociadas a decrepitud, pérdida de tono -de todo tipo- , pérdida de agilidad, lozanía, memoria, , etc. Vivimos en una sociedad que por el contrario, vive exaltando la juventud, a la que le supone todos los atributos de belleza, aptitud física, hedonismo, modernidad, capacidad de adaptación y aggiornamiento. Por lo tanto , eso de que estimen a ojo cuando han de decirme Señora es un estigma de apartamiento y categorización. Así que por favor , NO ME LLAMES SEÑORA.