Un día cualquiera, de compras. Queremos una talla más de los pantalones que nos gustan, y levantamos la mirada en busca de la ayuda de las dependientas. Nos damos cuenta de que todas son jóvenes, y la mayoría atractivas. Y siempre la misma pregunta, ¿por qué?

No es difícil darse cuenta. En todos y cada uno de los establecimientos a los que entramos para renovar el fondo de armario, las dependientas son chicas jóvenes, que llaman la atención. En cuanto a los chicos, más de lo mismo, hombres de no más de 30 años, de complexión fuerte y sonrisa impecable. En la memoria anual de Inditex del año 2014, saltaba a la vista la media de edad: 28 años. Para más inri, la mayoría de las trabajadoras eran mujeres, el 77% frente al 23%, hecho por el cual en algunas tiendas de la multinacional como Bershka o Pull&Bear, hubo una entrada masificada de hombres, con el detalle de la juventud y el atractivo físico.

Hablando con una amiga de toda la vida, Alejandra Ruíz-Cortina, una chica de 20 años, recordaba su experiencia como dependienta en una tienda de ropa en Londres el verano pasado, “es obvio que, si tienes buena apariencia, vas a dar siempre mejor impresión a la hora de vender un producto, te da más facilidad para que te contraten, cosa de la que estoy en contra, porque no quiere decir que si no la tienes valgas menos”. Alejandra reconocía que, al echar currículum en distintas tiendas a la vez que otras chicas jóvenes, era fácil de observar que los jefes se decantaban por las más guapas. Aseguraba, a su vez, que de todos sus compañeros -era una tienda grande situada en la zona 1 de la capital inglesa- sólo un par de ellos tenían más de 30 años, y trabajaban o en las cajas, o en turnos de media mañana.

Al buscar explicaciones, la más sencilla es pensar en las marcas. Las grandes multinacionales, al igual que los pequeños comercios, buscan dependientes que se adecúen a la edad de sus potenciales clientes. Tiendas como las señaladas antes, frecuentadas por adolescentes en masa buscando las últimas tendencias, no se arriesgarían a contratar a dependientes de más de 40 años, por el choque generacional. Quizá una chica de 16 años preferiría ser atendida por una dependienta joven, identificándose más con ella a la hora de vestir, incluso por la forma de hablar o expresarse. De hecho, El Corte Inglés o Massimo Duti, cuentan con trabajadores de edad más avanzada. No obstante, sería muy difícil encontrar a alguien de más de 55 años.

Otros atribuyen estos casos a la condición física. “Puedes moverte mejor. También pueden explotarte más. Si eres más joven, pueden enseñarte desde 0, “educarte” en su empresa, si eres más mayor o tienes más experiencia, habrá cosas que no querrás hacer”, explicaba Alejandra, que vio que la gente joven con la que trabajaba estaba dispuesta a echar más horas y cobrar lo mismo, o menos, porque lo que les interesa es conseguir dinero rápido, sea de la forma que sea, aunque ello conlleve irregularidades laborales. Discurso que coincidía con el de Ana Balsa, una mujer adulta a la que le dieron recientemente la oportunidad de trabajar en una pequeña tienda de ropa, “contratan a gente joven quizá porque son más maleables, al ser para muchos de ellos su primer trabajo tienden a ceder en todo lo que se les pide y los jefes pueden aprovecharse”.

No se puede negar que, en trabajos de cara al público, se debe tener “una presencia y actitud, independientemente de tu físico. Hay que ser afable, paciente y sonriente. No es tanto el físico sino estilo de la persona. No es la edad, es la persona”, como aportaba Ana. Y ahí el quid de la cuestión. No es tener 20, 40 o 60 años, es la forma de trabajar. Si eres bueno en lo que haces, deberías ser contratado, la edad no debería ser un impedimento, “me sorprendió que me contratasen siendo adulta, pero me echaron por la misma razón”. Aunque hay que tener buena salud, ser dependiente no implica tener un cuerpo de gimnasio. Implica esforzarte, estar activo, atento, para dar el 100%, como en cualquier otro oficio. Pero, en pleno siglo XXI, en un mundo global capitalista, con modelos que, con una talla XS, tienen problemas de autoestima, y peor alimenticios; con el auge de las clínicas estéticas y del bótox, y sin ir más lejos, del Photoshop, es natural adivinar que las empresas optarán siempre por caras bonitas. Y qué pena, cuando se valora a la gente por el físico y no por el intelecto o forma de trabajar. Qué pena, porque desplazamos a nuestros mayores a trabajos de “detrás de las cámaras” aun cuando tienen más experiencia -y, a veces, más ganas- que los jóvenes para muchos puestos, y las empresas no parecen darse cuenta, o peor, lo saben, pero “qué más da, esto es así”. Qué pena, porque todos crecemos y entonces, los jóvenes de ahora querrán luchar contra esta injusticia, pero ya será demasiado tarde, y la historia volverá a repetirse.

Sin embargo no hay que olvidar de destacar la loable acción de Starbucks Café en México  , en donde han abierto una sucursal atendida por mayores de 60 años , rompiendo así con los estereotipos, y con un paradigma laboral que hace daño a mucha gente que se queda sin empleo con más de 50 años.