Rescatar los conocimientos curativos de nuestras abuelas, volver a los mejunjes de hierbas para sanarnos desde dentro empieza a estar perseguido. Pero hay voces independientes desde el corazón del sistema sanitario -la medicina de familia- que arrojan una lanza a favor de recuperar la sabiduría de la naturaleza, de la que nos hemos alejado. El ajo, las friegas con agua fría por todo el cuerpo, los baños de asiento, el agua templada en ayunas con limón y bicarbonato, para limpiar el organismo, -dice la doctora Catalina Ramírez- son remedios naturales que no tienen competencia para recuperar la salud y, además, son baratísimos.

Porque ella está en línea con el llamado padre de la medicina moderna, el doctor canadiense William Osler, quien decía que “uno de los primeros deberes del médico es educar a las masas a no tomar medicamentos”. Pero no porque sí, sino porque -como explica la doctora Ramírez con un ejemplo– “Para tener salud hay que practicar los baños de asiento. El frío genera calor, éste activa la circulación y genera oxígeno; y como decía Otto Warburg, Premio Nobel en Fisiología y Medicina, donde hay oxígeno y alcalinidad no hay enfermedad”.

Pero empezando por el principio, para que la población empiece a desengancharse de las pastillas “tiene que cambiar la conciencia” – explica la doctora- “y escuchar lo que le dice ‘el interno’ y la naturaleza. No se trata de dejar las pastillas de sopetón sino de ir introduciendo la parte natural hasta ver que se ha recuperado el equilibrio. Entender qué nos ha querido decir la enfermedad. Como decía Jung, la enfermedad es el esfuerzo que la naturaleza hace para sanar al hombre”.

Actos de salud

Todo un reto para cualquier paciente que quiera comprometerse con su salud. Porque el objetivo, para esta especialista en hidrología e hidroterapia médica, es que la medicina alopática (la oficial, dicho de forma sencilla) pase a ser la alternativa: “Originariamente la medicina era la natural, porque pertenece a la vida. Se usaba el agua, la hidrología y los remedios caseros, pero la Inquisición mató a las mujeres que usaban la sabiduría de la naturaleza y por eso ahora no se practica.”

En igual sintonía con la medicina tradicional china, su discurso sobre la salud es que no hay que clasificar las enfermedades porque el cuerpo es todo uno en el que todo está relacionado con todo, así que lo que hay que hacer son ‘actos de salud’, y cuando se entienda eso -aclara- estaremos en el camino de recuperar el equilibrio perdido.

Actos de salud como incorporar en ayunas el vaso de agua templada (no en microondas), con limón y bicarbonato, porque cualquier infección sucumbe ante estos dos componentes; tomar agua de mar rebajada con agua dulce, en una proporción de uno a tres; darse duchas de agua fría y friegas para activar la circulación, usar el vinagre de manzana para combatir problemas digestivos y articulares, hongos y herpes, caspa, o como repelente de insectos.

Empoderarse en la salud

Tomar en definitiva la responsabilidad de nuestra propia salud y no dejarla a manos del médico porque la soberanía de la vida está en cada persona aunque se la hurtaran al nacer con el DNI: “Hay que empoderarse en la salud, no es el médico quien tiene que curarnos aunque haya regido esto gracias a la industria farmacéutica”. Y para que esa situación pueda darse –añade- no queda otra que “no ver, no oír, no decir -como los tres monos sabios-, tener sentido común, investigar, comparar, escuchar y ver si lo que haces es bueno para ti. En pocas palabras, escuchar al cuerpo.

Un mensaje esperanzador para quienes aún están a tiempo de recuperar su equilibrio, con la recomendación añadida de desconfiar de “todo lo que valga mucho dinero y no esté unido a la naturaleza”.

Elena Vergara