Cada vez más de moda, la sologamia se extiende alrededor del mundo. Esta novedad ha calado en la sociedad desde el pasado año, siendo hoy una práctica habitual en la que amarse a uno mismo se convierte en lo principal.

Laura Mesi, así se llama la italiana que marcó el inicio de una revolución. En el mes de septiembre de 2017, se convertía en la primera mujer italiana que, a sus 40 años, decidía casarse consigo misma, la primera “sológama”. “Se puede vivir un cuento de hadas sin príncipe azul”, declaraba Laura a la BBC. Y es que, aunque ambos sexos han representado esta tendencia desde principios del siglo XXI, las mujeres se sitúan a la cabeza como líderes del movimiento. Tras años de experiencias, victorias y derrotas, de críticas a la soltería y de estereotipos con respecto al matrimonio, el género femenino se ha dado cuenta de que no es necesario encontrar a tu “media naranja”, si una misma es la naranja entera.

Siete años antes, la española Ana Isabel González tomó la iniciativa, con un vestido púrpura en vez de blanco, de darse a sí misma el “sí, quiero”, seguida de 43 mujeres que se atrevieron a dar el paso. Si echamos la vista atrás, Linda Baker, una higienista de Los Ángeles, exhausta de buscar a su alma gemela, fue la primera mujer de la historia de la que se tiene constancia que se casó con ella misma, en el año 1993. Los informes más recientes revelan que cada vez más mujeres Viejenials se unen a esta moda, en la que se profesan amor eterno, el más importante de sus vidas. A pesar de ello, la sologamia aún no es legal en la mayoría de los países, pero por  ello no cesa y los nuevos matrimonios con uno mismo se llevan a cabo cada año alrededor del planeta.

Este movimiento, que tiene como mandamientos el amor propio, dedicarse tiempo y mimarse, se sostiene en lo alto de la crítica a las relaciones de parejas tóxicas, unidas por el miedo a la soledad. En los últimos tiempos, el índice de divorcios superaba todos y cada uno de los récords, con matrimonios forzados para revivir así noviazgos a los que se empeñaban en darles un futuro. La sologamia irrumpía con fuerza en un panorama que no estaba preparado para la extravagancia que hacía devenir esta corriente. No era sólo quererte más que a nadie, era hacerlo mediante un ritual, mediante una promesa tan fuerte como lo es el matrimonio.

En un mundo global, ¿qué país no querría subirse al carro de la vanguardia? Así llegaba una agencia en ntaba al diario El Mundo. Gracias a esta activista, se abrió la página web www.simequiero.es en Japón que ofrecía eventos de matrimonio para mujeres, o en Estados Unidos la web “I Married Me”, que vendía incluso anillos para la boda. Pero, como cada situación de la vida, nada es blanco o negro; siempre hay una infinidad de grises de por medio, como el caso de May Serrano, que tomó la decisión de contraer matrimonio consigo misma aun estando casada con su marido y con hijos de por medio. Casarse, para ella, fue una manera de empoderamiento, de “ponerse siempre la primera”, como apuEspaña, organizando encuentros para mujeres que desean casarse con ellas mismas.

“Prometo amarme y serme fiel”, así comienzan los votos matrimoniales de la sologamia. Constituye, en definitiva, un canto a la libertad, a la autosuficiencia, a decirse “sí” a una misma. La británica Shopie Tanner dio en la clave: “no tengo que estar esperando a “esa” persona, porque YO soy “esa” persona”.