Si está leyendo este artículo a través de su ordenador o de su móvil está de enhorabuena: posiblemente ha cumplido los 50 y además dispone de herramientas tecnológicas y recursos intelectuales para combatir la soledad. Pero no siempre es así. Esta plaga del siglo XXI va in ‘crescendo’ y a veces estos juguetes tecnológicos nos hacen sentir conectados con el mundo cuando en realidad enmascaran un aislamiento social.

Pero no hay que engañarse. Aunque el tema haya saltado con fuerza a la prensa estos días tras la creación del Ministerio de la Soledad en el Reino Unido, donde según cuentan 200.000 personas mayores no habían hablado con nadie en un mes, la soledad forzada es una experiencia que atenaza a grandes masas de población en todos los países del mundo civilizado desde décadas atrás.

Hace cerca ya de treinta años quien suscribe estas líneas hablaba en Valencia con el fundador del Teléfono de la Esperanza, el padre Madrid, quien contaba que el denominador común de las llamadas ‘de socorro’ era precisamente la soledad, disfrazada de síntomas como la depresión, el deseo de suicidio, los divorcios…

¿Chat o contacto personal?

Entonces no se conocía Internet, pero hoy día se cree que al estar ‘conectados’ permanentemente a través de la red las soledades se disipan cuando en realidad lo que se consigue es tapar el síntoma, igual que cuando tomamos un analgésico para combatir una inflamación. Cuando pasen unas horas, el efecto de la pastilla habrá pasado y la inflamación seguirá ahí.

Usted estará ‘conectado’ pero sol@, si bien es cierto que la soledad es una experiencia subjetiva: es decir, podemos vivir solos y sentirnos acompañados por los afectos de nuestro entorno y vivir acompañados y sentirnos solos porque no hay afecto que nos consuele.

Y aunque hoy día una persona no reclamada socialmente es un bulto sospechoso, desde aquí reivindicamos el valor de la soledad (no impuesta) como un espacio en donde conectar con uno mismo, tan necesario como los silencios para cualquier composición musical.

Pero si usted forma parte de ese 20% de españoles que vive solo, y dentro de ese colectivo del 41% que lo hace porque no tiene más remedio, no se engañe con el espejismo de que las redes sociales van a curarle su soledad. No pase a engrosar las filas de quienes se emboscan en el anonimato de un Chat y sustituya eso por el contacto personal.

Aunque ¡atención!, no estamos en contra de las redes sociales, y por ello queremos matizar que de lo que en realidad se trata es de saber usar la herramienta y que todo tiene su medida. Utilizar las redes sociales para hacer amigos ‘reales’ (no siempre o solo virtuales), es una excelente medicina, como lo es para mucha gente aislada y anclada en sus casas por motivos económicos, de edad o de salud. Una conversación con un desconocido puede arreglarte el día, de eso no hay duda, sobre todo si las circunstancias vitales no dejan otra opción.

Morir de soledad

Es cierto que con la edad nos volvemos más cómodos y podemos caer en la tentación de arrellanarnos en el sofá. Pasarse horas, días, semanas frente al televisor o pegados al móvil chateando, leyendo, viendo videos en Internet… no exige compromiso ni esfuerzo, puede incluso convertirse en una anestesia. Es como volver al útero materno, protegidos del mundo y sus miserias.

Sin embargo, aunque puede llegar incluso a ser tentador, le ofrezco dos datos contrastados para que evite caer en ese pozo: las relaciones sociales son un indicador de salud o, dicho por pasiva, la soledad aumenta el riesgo de mortalidad, mientras que la conexión social puede reducir en un 50% la muerte prematura.

¿Pero cómo salir de ese círculo vicioso de permanecer enroscados en nosotros mismos masticando la soledad? Quedamos al comienzo en que usted disponía de herramientas intelectuales ya que estaba leyendo estas líneas, así que se le supone preparado para seguir los consejos del Rush Medical Center de Chicago. Un estudio realizado por sus profesionales concluía que vivir la vida con un propósito era una herramienta óptima para prolongarla de manera entusiasta y que mientras más fuerte fuera este, menor riesgo de muerte.

Tres jóvenes nonagenarios

El propósito puede ser cualquier proyecto, grande o chico, pero continuado en el tiempo y dentro de las posibilidades de cada cual, capaz de alimentar el anhelo de cada día: tres jóvenes nonagenarios ya fallecidos –Santiago Carrillo, el teólogo Miret Magdalena y el escritor y economista José Luís San Pedro- coincidían en que la clave de su pasión por la vida y lo que les mantenía lozanos intelectualmente era el proyecto que tenían entre manos en cada momento.

Un proyecto vital, el de esta etapa de la vida, que no sólo debe estar relacionado con conectarse con la esencia de uno mismo y aprender a amarla sino también con salir del mundo propio y preocuparse por los otros. Hacer cualquier tipo de voluntariado es una medicina fantástica para el espíritu, que enseña entre otras cosas a relativizar los sufrimientos que padecemos.

Y si no, dése de alta de forma gratuita y disfrute a coste cero en alguno de los innumerables grupos de meetup, esa comunidad de activistas de todo el mundo que une a las personas para crear comunidades prósperas en torno a intereses comunes: “Reunirse con personas reales en la vida real hace que sucedan cosas” –dicen en su web- “Los trabajos esporádicos se convierten en carreras, las ideas pasan a ser movimientos y los encuentros fortuitos se convierten en relaciones para toda la vida”.

En Meet Up puedes encontrar grupos según tus intereses

Quienes padecen de soledad sólo deben mirarse en el espejo de los longevos y enamorarse de su actitud: poseen una mentalidad libre, son tolerantes, optimistas, tienen humor y sentido deportivo de la vida, saben superar los duelos por los que ya se fueron y mirar al futuro, no se refugian en el pasado, se reconciliaron con todo lo vivido, no tienen miedo a la muerte y viven como si tuvieran todo el tiempo del mundo por delante.

Y como añadido, una guinda apetitosa. Las personas felices, acompañadas o solas, está comprobado que viven no sólo más tiempo sino que tienen menos problemas de salud que quienes no lo son, se cree que debido sobre todo al origen más espiritual que orgánico de la enfermedad.

Ahora que lo sabemos no tenemos ya pretexto para dejar de tomar la medicina contra la soledad.

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