Si hubiera que elegir una palabra para definir a Felice Giraudo, yo escogería la pasión, un banderín de enganche sobre el que ha pivotado su vida y que a los 84 le sigue dando réditos. Como en aquellos 36 años dedicados a la política, en Carmagnola, un municipio piamontés a quien él puso en el mapa gracias al cultivo del cannabis, canapa en italiano. Su historia merece ser contada.

Porque aunque el desarrollo agrícola de Carmagnola está vinculado en siglos pasados al cultivo del cáñamo para producir cuerdas y lonas para la exportación, su afinidad con la planta de efectos narcóticos hizo caer la producción de la mano de medidas restrictivas. Pero Felice, llevado por su amor por ‘lo verde’, supo contagiar a la comunidad su respeto al medio ambiente, en una época en la que ese concepto tardaría años en hacerse popular.

La madre de las semillas

Aunque para comprender por qué estas semillas de cáñamo se han convertido en las más famosas del mundo, madre de la mayoría de especies europeas, hay que remontarse a los años 70, cuando desde su condición de alcalde Felice Giraudo, perito agrícola de profesión, decidió crear un plan de regulación de su ciudad en el que integraba crecimiento urbanístico y respeto a la agricultura.

Considerando que el concepto medioambiental empieza a oficializarse en 1972 cuando la ONU establece el 5 de junio como su día mundial, no es de extrañar que las políticas implementadas por Giraudo causaran escozor entre los alcaldes vecinos, a quien sus ideas debían resultarles cuando menos extravagantes .

Su primer mandamiento es reforestar 25 hectáreas de bosque, no solo con árboles sino con plantas que alimentaban a los cerdos, a la vez que contrarrestaba los daños ocasionados por la edificación; luego crear la cooperativa hortícola familiar, con 600 socios, dando 100 metros cuadrados a cada familia para que disfrutaran de auto producción y establecer finalmente la fiesta del ‘acqua viva’, un día en el que los vecinos de Carmagnola limpian el río de residuos urbanos como una forma de educar en el respeto a la naturaleza.

Cannabis y sostenibilidad

Una ‘obsesión por lo verde’ que entierra sus raíces en el concepto de sostenibilidad, del que a sus 84 años el antiguo alcalde de esta pequeña población, a media hora de distancia de Turín, sigue hablando con pasión cuando relata su historia.

Cuando en 2006 abandono la política, no dejo de trabajar porque sigo con el cultivo del cannabis que había empezado ya en el 97. ¿Que por qué esta planta? Porque en términos ambientales es formidable: necesita muy poco riego porque sus raíces alcanzan los dos metros y toma agua del subsuelo donde otras plantas no llegan, no requiere productos químicos, crece 20 centímetros diarios con sol, no la atacan los insectos y respeta el ecosistema porque consume más anhídrido carbónico que el bosque ecuatorial”.

Para Giraudo, tras dos décadas como productor, el cultivo de la canapa solo trae ventajas y para argumentarlo le basta poner encima de la mesa unos cuantos datos elocuentes:

Energía barata

En Italia, el 60 por ciento de la energía se va para calentar las viviendas. Una casa consume 25 litros de gasóleo el metro cuadrado al año, pero en Cinisello Balsamo han hecho casas energéticas con fibra de cannabis y cada metro cuadrado consume solo 8 litros de gasolina o energía equivalente”.

La segunda ventaja” –añade- “es que las paredes de cannabis respiran y se está mejor porque el aire es de mayor calidad que fuera, mientras que los muros convencionales necesitan respiraderos. Ahora la gente empieza a entender la importancia de la calidad”.

Todo ello sin mencionar el salto de gigante que ha dado la producción con la mecanización de los implantes para separar la fibra del tronco, que ha llevado en sus propias palabras “a usarse para todo, incluido el uso terapéutico, porque como se ha demostrado el extracto de cannabis mata las células malas”.

Un camino de dificultad

Pero llegar hasta aquí no fue sencillo. De hecho, cuando inició su cultivo, la policía fue a detenerle (al confundir esa variedad italiana con el cannabis sativa), siendo portada de la prensa nacional italiana. Ese hecho desencadenó el renacimiento del cultivo de cannabis en su país, tras las batallas políticas que tuvo que librar. Finalmente consiguió la aprobación legal de los Ministerios de Agricultura y Salud, tanto para el cultivo como para el uso alimentario.

Una batalla que no fue baldía, a tenor de los resultados no solo económicos sino de creación de puestos de trabajo que generó. Aunque para este innovador de 84 años lo esencial no es solo reducir los costos, como para cualquier empresario, sino invertir en promoción y hacer entender tanto el valor del producto como el impacto económico, social y ambiental en el territorio.

Tarea nada sencilla a tenor de los comentarios de este antiguo demócrata cristiano que con cada pregunta matiza la necesidad de simplificar las respuestas porque “cada cuestión merecería cinco capítulos”.

En cualquier caso, un paseo con este jubilado de la política, por la belleza de los campos de cannabis, en todo su esplendor, no deja de ser una inyección de vitalidad.

Elena Vergara