Dice el agrónomo Jaime Soto que de cada 10 alimentos que comemos, al menos en 5 hubo una acción directa de las abejas, y eso significa que sin ellas las cosechas y el ecosistema sufrirán consecuencias nefastas. Su importancia para nuestra supervivencia corre paralela a la de los productos que nos regala, una verdadera farmacia natural que hay que conocer para no dejarse engañar. ¿Cuáles son las claves que diferencian una miel de calidad de una que no lo es?

Con los pequeños trucos que vamos a describir cualquiera puede llegar a conseguir que no le den gato por liebre pero, para ser honestos, hay que decir que sumergirse en el mundo de la miel requiere su dedicación. Una cierta dosis de pasión por el fascinante universo de las abejas sin duda acabará por ofrecernos la miel que más encaje con nuestras necesidades, no solo de salud sino de apetencias de paladar.

Dice la OCU que de un estudio realizado a 33 mieles que podemos comprar en España, todas pasan la normativa de no contener ningún aditivo extra, es decir, son puras, pero sin embargo no todas son frescas. Y atención que de su pureza depende que sus beneficios nos lleguen cuando las tomamos. La pregunta inmediata es: ¿cómo distinguimos una miel pura de una que no lo es?

El test de la miel

La forma más fácil sería comprarla directamente al apicultor, pero si no es posible lo suyo es ir a la etiqueta para ver que no tiene harina, glucosa, dextrosa, almidón o algún jarabe que va a darse con su pureza.

Pero además existe un montón de trucos para constatar que es pura, eso si, una vez comprada: por ejemplo, comprobar que se queda toda junta cuando la sumergimos en agua; colocar una cuchara con miel bocabajo y ver si cae lentamente, o introducir un trozo de pan duro en la miel por diez minutos y observar que sigue duro, señal de que la miel no tiene mucha agua.

En el caso de que quiera ahorrarse ese dinero, e ir sobre seguro, compre un tarro de miel cristalizada, garantía de que es miel pura. Y es que hay una regla básica con la miel: si es pura, tiende a solidificarse, mientras que la adulterada permanece líquida.

Todo esto sin olvidar el segundo factor determinante de que la miel sea de calidad: que sea cruda, es decir, que no haya sido calentada, pasteurizada, ni procesada de ninguna manera. Solo así conservará vitaminas naturales, minerales, antioxidantes, sustancias antibióticas, enzimas y otros nutrientes fundamentales para la salud.

La tercera opción es acudir a tiendas gourmet o especializadas en productos de calidad, también a través de Internet. Dice Grit Obst, apicultora con tres apiarios en la zona agrícola entre Coin y Fuengirola, en la provincia de Málaga, que si no puede comprarse directamente del apicultor se adquiera de sus clientes, es decir, herboristerías, mercadillos, o a pie de carretera.

En cualquier caso, como la ley no obliga a poner en la etiqueta si la miel fue pasteurizada, ni el tanto por ciento que procede de dentro o fuera de la Unión Europea, no habrá garantía de que el producto no haya sido calentado, salvo que –como recomienda Grit Obst- veamos que en la etiqueta reza ‘venta directa’: “Como los pequeños apicultores no tenemos maquinaria para pasteurizar, ni adulterar, la garantía está en comprarnos a nosotros”.

Apellidos que aportan salud

Pero también recomienda acudir a folletos explicativos de distintas marcas como Miel de Málaga, que agrupa a los apicultores de la provincia o, como sugiere Sergio Guerrero, responsable de La colmena sanadora, repartida por varias ciudades andaluzas, entrar en la web Apiterapia de Granada e informarse para evitar que compremos un tarro de un supermercado. “De un kilo de miel pura como la nuestra” –dice este apicultor- “salen quince tarros para repartir en las estanterías del supermercado”. La miel industrial, debe quedar claro, no tiene los beneficios de la miel natural, pura y cruda.

Resuelto el asunto de dónde comprar y en qué va la calidad de la miel, hay que investigar cuál de ellas encaja con nuestras necesidades o desajustes de salud ya que hay para todos los gustos. Tanto es así que los expertos señalan que existen casi tantos tipo de miel como de flores y, por tanto, de cualidades beneficiosas para la salud.

El azahar, el romero, el eucalipto, el tomillo, el espliego, el tilo, el aguacate, el trébol, la alfalfa, el avellano, el castaño, el pino, la encina, el brezo, la manuka, el ulmo, la acacia…dan apellido a infinidad de mieles repartiendo sus beneficios terapéuticos en cada cucharada de este elixir asociado desde antaño con lo sagrado y lo iniciático.

Preguntar a apicultores, buscar en Internet, informarse en herboristerías sobre las propiedades que queremos encontrar en la miel de cada día para nuestro particular desajuste de salud es tarea fácil. Y si estamos como robles, hagamos un recorrido por cada sabor, que cualquiera de ellos lleva asociado su beneficio en forma de vitaminas, minerales, ácidos orgánicos o aminoácidos esenciales.

Dos pájaros de un tiro

De entrada es un energizante con azúcares que no producen caries, además de vigorizante que ayuda con problemas respiratorios, digestivos, antibacterianos, cardíacos, gripales y afecciones intestinales, hepáticas, úlceras de estómago, quemaduras, heridas…La lista de dolencias que es capaz de tratar, prevenir o mejorar es enorme.

Por eso precisamente, porque es un producto estrella y porque su producción cada año está sujeta a cambios climatológicos no controlables, hay que decir que una miel buena no podrá encontrarse por menos de 7 euros el kilo. De ahí hasta los 5.000 euros de la que llaman la miel más cara del mundo, no solo por tener que descender a extraerla de una gruta a 1800 metros de profundidad, en Turquía, sino por sus propiedades singulares.

Pero no hace falta llegar a tanto, con una simple cucharadita matinal, en ayunas, de un preparado ecológico de miel con polen, jalea real y propóleo, pongamos por caso, de la Sierra del Sorbe, podemos matar dos pájaros de un tiro: tomar un complemento nutricional a modo de bomba energética y empezar el día con la miel en los labios.