Reinventar a Van Gogh es difícil, pero ampliarlo a formato bestial y digital es maravilloso. Es lo que se proponen y logran en la exposición Van Gogh Alive, que en estos momentos está en cuatro ciudades a la vez, y una de ellas es Sevilla.

Así la capital andaluza se convierte en la primera anfitriona española de esta muestra multisensorial que gracias al sistema Sensation4 nos permite disfrutar de ampliaciones digitales con 30 proyectores a la vez, en una sala muy alta, en la que también te puedes tirar al suelo para disfrutarla. Todo ello acompañada de una música acorde a la época de la obra.

Así adquieres dimensiones ineditas de los cuadros de Van Gogh y el relato de 35 minutos te lleva a re-mirar su obra, a repensarla y a conocer algunos detalles, como los de su primera época que son menos conocidos. La muestra es un repaso por toda la vida del artista holandés, nacido bajo el signo de aries en 1855. De clase media acomodada, a los 16 años comenzó a vender reproducciones de arte, lo cual fue su primer approach con la pintura. Su primera etapa con el pincel nada tienen que ver con la más conocida, era más oscura, de un trazo más esfumado, y se centraba en escenas costumbristas.

Nada de su vida fue tan colorido como su arte. Iluminó lo mejor de su paso por la tierra en el sur de Francia, en Arles, de donde surgen sus cuadros más conocidos. Con ellas empieza el relato.

Esta muestra nos recrea a enormes dimensiones la obra de Vincent Van Gogh de un modo extraordinario. Vemos 3000 imágenes reproducidas por las paredes, por el techo , por el suelo , con un sonido envolvente y una proyección alternada y sugerente que en muchos momentos nos mete dentro del cuadro. Algunos cogen animación , como los pájaros del Trigal con Cuervos.

El lugar elegido no puede ser mejor: el Pabellón de la Navegación en la isla de la Cartuja, que convierten a la experiencia en un paseo adicional, ya que ahora con el Caixa Forum enfrente, de golpe estás en un polo museístico de lo más avanzado y rompedor de Sevilla.

Un guiño a Sevilla con esta bata de cola “Vangoghiana”

Antes de entrar a la muestra hay un recorrido didáctico sobre la vida de Vincent, y una instalación para poder pintar , en la que tus trazos se ven reflejados en una pantalla en el frente. También hay una sala para niños, para que puedan reproducir las obras coloristas del artista holandés.

Es ideal ir por la mañana en que hay menos gente, y el silencio acompaña a la experiencia.